«De nuevo aquí nos tienes…»

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«De nuevo aquí nos tienes…»

“De nuevo aquí nos tienes…”

 Así te cantábamos un día, con nuestros sencillas e ingenuas ofrendas, nuestras flores de Mayo, escritas en papeles doblados sobre una bandeja al pie de tu imagen…Años eran, aquellos, de inocencia y de candor, bajo tu mirada maternal y buena sobre nuestra frente de niño; buscando una pureza limpia, tan blanca como la de las Inmaculadas, cuando nuestras madres nos enseñaban a cantarte y a mirarte.

Han soplado, Señora, fuertes vientos; vivimos en un mundo bien distinto; cayeron viejas devociones, callaron los cantos infantiles. Nos hemos hecho personas adultas y se desvanecieron viejas ilusiones; nuestros ojos dejaron de ser tan limpios y nuestra carne ha perdido su inocencia… Pero, una vez más, hoy, volvemos hacia ti, —“de nuevo aquí nos tienes…”— cansados de muchos caminos, quebrados los ideales viejos de aquel niño. Ya no traemos bellas flores, ni papeles de ofrendas bien doblados… Hoy ponemos ante ti, Señora, —“de nuevo aquí nos tienes…”—: nuestra vida ya gastada, nuestra inocencia mancillada, nuestros amores e ilusiones, nuestros fracasos y nuestras culpas… Y, también, muy humildemente, como una flor en un papelillo doblado, nuestra buena voluntad y nuestro corazón aún de niño.

Y al comenzar un nuevo mayo, con nuestra voz ya gastada, con nuestro corazón ya menos nuevo, te cantamos aún, muy quedamente, a Ti que siempre nos esperas, como siempre esperaban nuestras madres.

De nuevo aquí nos tienes…” a los que nunca te hemos olvidado, a los que mantenemos viejas tradiciones, acrisoladas por el tiempo y por la fe de nuestros mayores. Los que seguimos desgranando cuentas viejas de rosarios y añoramos cantos nostálgicos que apenas suenan en nuestras iglesias…

De nuevo aquí nos tienes” a los que te hemos querido resituar, no en el lugar que corresponde a Cristo, sino en el de nuevas teologías, que quizás son también antiguas. Los que seguimos queriendo que tu puesto maternal, de Madre de Dios y de los hombres, no se borre de nuestra vida… Pero quizá tenemos que reconocer que no te hemos sabido situar en la vida cálida de la fe, en ese lugar importante, que proclama toda teología….

De nuevo aquí nos tienes …” a los que no sabemos teologías y dependemos de los saberes de aquellos que nos hablan. Los que sentimos tristemente que tú te vas difuminando, porque se nos habla menos de ti, y la vida y sus problemas están ahogando nuestra vida de fe… y te estamos perdiendo de vista.

En este bello mes de Mayo queremos estar todos junto a ti, no para reprochamos unos a otros, sino para aprender de los demás; no para que tu devoción nos separe, sino para que nos reúna acogedoramente como hiciste con aquellos hombres miedosos, encerrados en una sala escondida, a la espera de Pentecostés…

Sí, “de nuevo aquí nos tienes,” porque nuestra fe es inseparable de ti, porque no somos de carne distinta de aquellos hombres y mujeres, que en un camino de veinte siglos, encontraron siempre en ti, acogida maternal, camino de vida cristiana, ideal de pureza y honestidad, regazo tierno y cordial que nos lleva a tu Hijo, a quien tú llevaste cuidadosamente en tus benditas entrañas.

“De nuevo aquí nos tienes”, con nuestro corazón de niño, nostálgico de viejos cantos; con nuestro corazón de adulto, que siempre necesita en su fe la protección y el aliento del corazón de una madre.

Y hoy también todos juntos, desde lo antiguo y desde lo nuevo, volvemos a cantarte:

“De nuevo aquí nos tienes, purísima doncella, más que la luna bella, postrados a tus pies…”.

 

                                                                                                                                        Jesús Yusta Sainz