La vida consagrada en nuestra diócesis

COMO UN BANCO
17 enero, 2018
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La vida consagrada en nuestra diócesis

En este día especial de la fiesta de la Presentación del Señor, un saludo muy cordial de felicitación, de acción de gracias y de ánimo para responder cada vez con más fuerza a nuestro compromiso de consagrados.

El lema de la jornada es precioso: La vida consagrada, encuentro con el amor de Dios. Esto es lo que da sentido pleno a nuestra vida de especial consagración.

Desde mi sencilla atalaya de Vicario para la Vida Consagrada me gustaría comunicar algunas impresiones, todas positivas, de esta presencia de vida religiosa en Burgos.

Somos una presencia considerable y significativa en la Iglesia de Burgos. En números globales:

498 monjas contemplativas y 40 novicias y postulantes en 26 comunidades.

68 monjes contemplativos en 4 comunidades y 4 hermanos en formación inicial.

100 religiosos de vida activa en 22 comunidades y 2 hermanos en formación inicial.

510 religiosas de vida activa en 33 comunidades y 6 hermanas en formación inicial.

139 Hijas de la Caridad y 7 padres paúles.

95 miembros de Institutos seculares.

Los números son importantes pero más significativa es la vida. Y esta verdaderamente es boyante en las diversas presencias.

En las visitas que se hacen a las diversas comunidades se nota una vida pujante que se nutre de un pasado vivido muy intensamente en la plasmación del carisma propio. Un recuerdo que reaviva en el corazón los tiempos pasados en la cita de la brega de cada día. Son recuerdos que animan la plegaria y nutren la comunicación.

Es verdad la edad avanzada de una gran parte de los miembros de las diversas presencias, pero esa edad es riqueza para la convivencia y para la profundidad en la oración, más pausada y frecuente.

Hay brotes verdes de rejuvenecimiento. Todos conocemos el fenómeno espectacular de Iesu Communio, que se va afianzando con decisión. Tenemos noticias de jóvenes que nos llegan de otros países allende los mares. Son presencias enriquecedoras que aportan rasgos de su propia cultura y nuevas fuerzas tanto físicas como espirituales. Estas hermanas que nos llegan tras un discernimiento muy serio de su vocación, incluso preferentemente con votos emitidos en la presencia de la Orden en sus tierras, son verdaderamente una aportación preciosa para nuestra vida consagrada. Ellas comunican nuevas energías y se sumergen en la sabiduría de hermanas y hermanos que han entregado su vida en el servicio del Señor.

Hay pues riqueza y esperanza en nuestra vida consagrada, gracias a Dios.

Qué bien si en esta jornada de vida consagrada hemos cumplido aquella triple finalidad que proponía San Juan Pablo II al instituir este día y que nuestro Sr. Arzobispo nos recordaba en la misa de la Eucaristía del día:

En primer lugar, responde a la íntima necesidad de alabar más solemnemente al Señor y darle gracias por el gran don de la vida consagrada que enriquece y alegra la comunidad cristiana con la multiplicidad de sus carismas y con los edificantes frutos de tantas vidas consagradas totalmente a la causa del Reino.

En segundo lugar, esta jornada tiene como finalidad promover en todo el pueblo de Dios el conocimiento y la estima de la vida consagrada.

El tercer motivo se refiere directamente a las personas consagradas invitadas a celebrar juntas y solemnemente las maravillas que el Señor ha realizado en ellas, para descubrir con más límpida mirada de fe los rayos de la divina belleza derramados por el Espíritu en su género de vida y para hacer más viva la conciencia de su insustituible misión en la Iglesia y en el mundo.

Preciosas palabras que nos animan a llenar de vida y esperanza el carisma que el Señor nos ha entregado por mediación de nuestros fundadores y fundadoras.

Que María nos acompañe en el cumplimiento de esta vocación a que Él nos ha llamado.

Que toda nuestra vida sea un encuentro gozoso con el amor de Dios.

     Amadeo Alonso

                                                                      Vicario para la Vida Consagrada