Sentir y gustar internamente el Monasterio de Las Huelgas

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Sentir y gustar internamente el Monasterio de Las Huelgas

La primera vez que tomé contacto con este Monasterio fue cuando tenía nueve años en una visita turística; la guía explicó que allí vivía una comunidad de monjas de clausura, cuyo significado yo desconocía totalmente.

Pasados muchos años empecé a ir a la hospedería donde fui muy bien recibida por la M. Hospedera y desde entonces llevo casi treinta años sin interrupciones, disfrutando de la hospitalidad monástica. Esta perseverancia me ha enriquecido espiritual y humanamente, me ha ayudado en muchos sentidos y me ha permitido ir conociendo a esta Comunidad poco a poco en el transcurso del tiempo.

Quiero resaltar una idea fundamental que es la estabilidad de la vida monástica, algo de lo que cada vez carece más nuestra sociedad. Llegar a un lugar donde las personas permanecen, en el que se van a encontrar las mismas monjas, quizás con cargos diferentes, produce una sensación de paz, tranquilidad y seguridad, que invita y ayuda a la oración sosegada y silenciosa con la Comunidad y en privado, que es la meta a la que se tiende en los días de retiro.

El Monasterio tiene unos valores artísticos enormes, pero hay algo más de lo que se puede captar con los sentidos, de lo que puede apreciar cualquier turista interesado por la cultura, como: una parte importante de nuestra historia nacional que se estaba gestando, ha quedado impregnada en este ámbito sagrado; la historia personal de tantas monjas que a lo largo de los siglos han vivido en este Monasterio su consagración cisterciense a Dios en una santidad anónima que no conocemos, pero que fácilmente podemos intuir; las importantes ceremonias litúrgicas, como los funerales propios de un panteón real, acompañados por bellos cantos gregorianos; todo lo que podemos imaginar que se ha desarrollado entre sus muros, que es invisible a los ojos y que sólo podemos ver con el corazón, porque según explicaba Jean Gerson en el año 1402: “Hay seis sentidos, cinco fuera y uno dentro, que es el corazón.” Esta mirada desde el corazón es la que nos puede conducir a “sentir y gustar internamente el Monasterio de las Huelgas”, mirada profunda, espiritual, imaginativa, enriquecedora, que siempre puede abrirnos a nuevos horizontes.

                                                                                              maría teresa sierra

                                                                                                                    amiga de la comunidad cisterciense de Las Huelgas