BABILONIA

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BABILONIA

Al andador que ahora tengo que utilizar para desplazarme lo llamo “Babilonia”.

Me explico: Cuando el Señor me exilió a este inhóspito país, lleno de dolor e incertidumbre, me quedé totalmente desconcertada. Todo era nuevo. El declinar de la vida a veces es lento y progresivo, pero hay ocasiones en que se precipita inesperadamente y nos encontramos de repente en una situación nueva que nada tiene que ver con la del día anterior. En mi interior resonaban las palabras de Jesús a Pedro: “cuando seas viejo…” Entrar en esa nueva obediencia es muy difícil. Comprendí en seguida que mi exilio no era una casualidad: “ahora tienes que arrasar y arrancar, edificar y plantar”. Ahora… Ahora…

Y en eso estoy. Labor que tampoco es fácil, porque cuando parece que está medio derruido el edificio de mi “ego” alguien se dedica a volverlo a levantar y trabaja más deprisa que yo. Pero no me rindo; a pesar de que algún atardecer en que estoy más dolorida se me acerca el desánimo, intento luchar contra él siendo humilde con mi vida en este último tramo.

He descubierto que, una vez más, tengo que bendecir al Señor en esta Babilonia, que sólo es un instrumento del plan de Dios para mí, buscándole más a Él que mi bienestar; esperando serenamente contra toda esperanza, edificando y plantando para que esta situación sea próspera y fructífera en mi comunidad. Sabiendo que sólo el Señor tiene poder para levantar sólidos edificios en los que habitar y fértiles huertos de los que alimentarnos. Sólo si obedecemos a Dios podremos salvarnos del desastre de la depresión.

Soy totalmente consciente de que éste es el tiempo más importante de mi importante vida. (Importancia que le viene por ser un don de Dios). Puedo escuchar cada vez más cercana la voz del Esposo: “Levántate amada mía, esposa mía. Ven”. Y esta esperanza me colma de profundo gozo y radiante alegría.

Le pido al Señor que en la precariedad, en la debilidad, en la fragilidad, me colme de su gracia para poder vivir en su paz. Y a María que después de este destierro me muestre a Jesús.

Mary Carmen Sanjuan

Subpriora del Monasterio de Las Huelgas