LA MÍSTICA DE LA INCOMODIDAD

APUNTE NAVIDEÑO
7 enero, 2021
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LA MÍSTICA DE LA INCOMODIDAD

Acabamos de terminar el tiempo de Navidad. Seguro que han sido días de mucha intensidad. Seguro hemos tratado de adaptarnos a la situación de modo que no nos olvidemos de nadie, procurando hacer que sean días felices para todos los que podamos alcanzar. Hemos intentado suplir nuestra presencia al lado de tantos con los que no hemos podido compartir físicamente estos momentos: videollamadas, cenas en el porche de casa aguantando el frío, encuentros de paseo por los parques, saludos de los nietos desde los balcones… También hemos intentado estar junto a los que descubrían marcadas como laborales fechas en las que a todos nos gusta estar junto a los nuestros, y por ello no han sido pocas las cartas escritas a sanitarios, cuerpos de seguridad, servicios de acogida y limpieza… Incluso he podido ver escrita letra a letra en pantallas de móviles un “FELIZ NAVIDAD” por la ventana de cristal de una pizzería para animar a los trabajadores de la misma.

Y todo esto nos habla de Navidad porque es tiempo de profundizar en el modo de ser de Dios. El Señor se hace servicio, encuentro, anonadamiento, olvido de sí. Me gusta llamar a esto la “Mística de la incomodidad”. Es la Mística del que viendo una necesidad no se para a calcular los esfuerzos. La del que no hace una estimación comparativa entre esfuerzo y resultado. Es la mística del que sirve, se entrega, sin medida. Es este el estilo del Señor y de los que queremos aprender a ser sus discípulos.

Estamos demasiado acostumbrados a los cálculos de beneficios y resultados. Se nos exigen este modo de trabajar en cualquier ámbito. Sin embargo, no nos sirve para la experiencia de la fe que es siempre desmedida. La lógica de la incomodidad es la de un Dios que se ha hecho hombre para siempre (claramente una decisión completa y desproporcionalmente desmedida) que brota, no de un cálculo, sino de ver solamente la necesidad sin pararse a pensar en el esfuerzo que puede suponer solventarla. Es la lógica de una madre que pasa noches enteras sentada en una incómoda silla de un hospital cuidando a su hijo enfermo. Es la lógica de un marido que se pasa la noche conduciendo cientos de kilómetros para descansar sólo tres horitas junto a su mujer y volver de nuevo al mismo lugar del que salió. Es la lógica de una religiosa que interrumpe su sueño para alabar al Señor en nombre de la humanidad sin ver el fruto de sus preces. Es la lógica de un sacerdote que escribe a un feligrés suyo aun no sabiendo bien si algún día querrá volver a pasar por la parroquia después de tanto tiempo alejado tras haberse marchado con un portazo. Todos ellos miran sólo hacia fuera sin detenerse en el esfuerzo de su entrega. No se cansan, no desisten, no miran al gasto de fuerzas, al peso de la cruz. Como un herido no siente los latigazos de su dolor cuando trata de cumplir su misión o un corredor ignora su cansancio cuando trata de completar la carrera. Los que viven en la Mística de la incomodidad no calculan, se entregan.

En este año de San José hemos visto al santo patriarca en el portal. La tradición lo coloca siempre de pie, en actitud dispuesta, preparado para servir, proteger, ceder su lugar sin acordarse de sí mismo. Nos unimos a él para descubrir en este camino una vía de santidad. Y lo hacemos en un tiempo en el que se hace tan patente que la mística de la incomodidad es el carisma para una emergencia que sólo nuestra madre la Iglesia, maestra en humanidad, puede comprender.

                           Enrique Ybáñez Vallejo

SECRETARIO PARTICULAR DEL ARZOBISPO