LA VUELTA AL RUIDO

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LA VUELTA AL RUIDO

Ruido, todo es ruido. El ruido nos rodea, incluso está dentro de nosotros. Si paramos nos asusta encontrarnos con lo que es su antónimo: el silencio.

Durante el confinamiento, al principio, había algo que nos llamaba poderosamente la atención y era precisamente el silencio.

Algo inesperado, insospechado nos había obligado a parar y era el silencio que nos rodeaba lo que más nos sorprendía. Las calles vacías, sin tráfico, sin gente nos eran extrañas precisamente por el silencio. De repente, oíamos los pájaros que normalmente nos son ajenos y que de pronto estaban ahí, más presentes que nunca, acompañándonos y sorprendiéndonos.

Los que tenemos la necesidad de parar y de buscar precisamente el silencio para encontrarnos, nos sentimos transportados a esos momentos, buscados voluntariamente y encontrados, en mi caso, en el Monasterio de Santa María La Real de Las Huelgas. Es a ese lugar al que debo mi encuentro con muchas de las cosas que andaba buscando sin saberlo: mi silencio interior, mi retiro consciente, mi encuentro con lo divino. Todo ello me es muy necesario desde que lo conozco, desde que lo encontré precisamente en ese lugar que tanto echo de menos en estos momentos.

En el parón obligado del confinamiento, parecía que se nos iba a hacer patente la necesidad de buscar lo esencial dentro de nosotros mismos, que podía ser también el despertar en muchos de esa necesidad. Podría ser lo que lo necesitáramos como sociedad: parar, pensar y ser un poco mejores. Confío y me gusta creer que algunos también lo hayan descubierto.

Sin embargo, de nuevo se oye el ruido, otra vez el ruido, a veces incluso estrepitoso y ensordecedor. Otra vez está ahí y se quiere instalar en nuestro interior.

Pero no, conocemos otra cosa, hay que parar, buscar el silencio y la Luz cada uno donde la encuentre para así darnos cuenta que es posible darles su espacio dentro de nosotros mismos y huir del ruido exterior que nos arrolla.

En estos días leo a Santa Teresa Benedicta de la Cruz, nombre de religión de la filósofa y mística alemana, Edith Stein. Ella, que vivió en un mundo convulso nos habla de “Los caminos del silencio interior” y nos recuerda que “el último fundamento sigue siendo la vida interior; la formación del hombre va desde dentro hacia fuera”[1]

Edith Stein murió en Auschwitz, en las cámaras de gas, el 9 de agosto de 1942. Ella fue víctima del ruido ensordecedor que envolvía el mundo en aquellos días, ella que conocía el valor del silencio dentro de uno mismo.

Ojalá aprendamos, podríamos hacerlo…

Cierro los ojos y sueño con el silencio, las oraciones, los pájaros, las campanas… sueño con Las Huelgas.

 

Lola Palacios

[1] Edith Stein: Los caminos del silencio interior. Madrid: Editorial de Espiritualidad, 2010, p. 131.