NOCHE OSCURA DEL ALMA

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NOCHE OSCURA DEL ALMA

NOCHE OSCURA DEL ALMA

Justo a un mes de clausurar el año 2020, bien podemos decir que hemos pasado al menos los dos tercios de sus días con el alma en vilo y muchos cuerpos torturados por causa de una pandemia de escala mundial conocida como Covid-19. El miedo en tropel y la angustia ha sobrevenido en todas las gentes y se ha metido de modo inexplicable en nuestros corazones esa especie de espanto general de temer al otro y, consecuentemente, guardar las distancias. Esta circunstancia ha trastornado, creo yo, lo mejor de la condición humana que no es otra cosa que la cercanía física y por encima de ella la comunión espiritual de los unos con los otros por muy lejos que se hallasen o muy distintos que fueren. Ha corrompido de manera indirecta la aspiración suprema de vernos, porque así debemos ser, todos como hermanos y formar juntos una gran familia. Todo se ha ido al traste incluso en los lugares especialmente reservados para esta nueva forma de vida como son los templos y las iglesias, que deberían ser nuestros verdaderos refugios en tiempos de desolación y desconcierto.

Se diría que está viviendo la sociedad entera y muy en particular la Iglesia toda una verdadera noche oscura del alma que afecta no solo a las relaciones cotidianas de nuestra existencia, sino a todo aquello que nos vincula con la trascendencia y los ideales nobles del espíritu. Solo desde la fe podemos asegurar que en medio de esta oscuridad brilla fija una luz que por encima de todas las adversidades orienta nuestro caminar y da fuerzas a nuestros pies para seguir tras la huella de nuestro amado Señor Jesucristo. Vivimos, cada quien bajo sus particulares circunstancias, una edad crítica, un momento de verdadera ascesis y prueba personal y colectiva, que nos hace poner la mirada más allá de estos acontecimientos dolorosos de nuestra historia humana. De Inmediato vienen a nuestra mente los millones de afectados, los cientos y cientos de fallecidos, el gran vacío y silencio de cuantos hemos sido probados en la cruel enfermedad que padecemos, y de inmediato y como resorte vuelven a surgir de nuestros labios gemidos de impotencia, de súplica y de misericordia.

Fantasmas tan olvidados como la soledad, el miedo, el confinamiento han puesto muy a la vista carteles de alarma, toques de queda y otros resortes impensables solo hace un año: con el ánimo encogido pero con la esperanza puesta en pie de un nuevo amanecer para nuestras vidas escribo hoy este apunte de obligado cumplimiento.

5 de noviembre de 2020                                             Juan José Pérez Solana

                                                                                         Capellán