TIEMPO DE SILENCIO

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TIEMPO DE SILENCIO

TIEMPO DE SILENCIO

La Cuaresma, desde sus orígenes, se ha reivindicado como un retiro largo, un ciclo litúrgico propicio para la meditación, un tiempo de silencio para descubrir o redescubrir el misterio más sagrado: la redención del género humano. Y para esta cuarentena anual de la vida del cristiano, la liturgia propone e invita a tres acciones fundamentales: la oración, la limosna y el ayuno, requisitos básicos para la verdadera conversión del corazón.

Una de estas acciones es la ORACIÓN y, seguramente, constituye el núcleo de la forma de ser creyente en todo tiempo y lugar. Todo lugar es oportuno y todo tiempo, tiempo necesario, para entrar en la intimidad de nuestra conciencia y abrirnos de par en par a Dios. “La verdadera oración es la que se hace en el secreto de la conciencia, del corazón: inescrutable, visible solo para Dios. Dios y yo. Esa oración huye de la falsedad: ante Dios es imposible fingir” (Papa Francisco).

“Sin embargo, aunque la oración del discípulo sea confidencial, nunca cae en el intimismo. En el secreto de la conciencia, el cristiano no deja el mundo fuera de la puerta de su habitación, sino que lleva en su corazón personas y situaciones, los problemas, muchas cosas, todas las llevo en la oración” (Papa Francisco).

Tenemos a nuestro alcance distintos modos de orar: oraciones vocales, oración mental, textos sagrados o de naturaleza religiosa que nos ayudan a iniciar este diálogo con lo divino en este tiempo de silencio que es siempre el de la plegaria. Podemos, asimismo, familiarizarnos con el perdón, la acción de gracias, la petición de nuevos dones y, en cualquier caso, la aceptación de la voluntad de Dios para todos y cada uno de los momentos de nuestra vida.

En la oración cristiana, siempre estamos en comunidad, y no solo con la Trinidad, Una y Santa, sino con todo el pueblo de Dios, cercano y lejano, santo y pecador. Y particularmente cercanos a todos los más alejados de la casa del Padre: “Que no he venido a curar a los sanos, sino a los pecadores” (Mc 2.17).

Este TIEMPO DE SILENCIO, singular y propio, que es la oración, es el que se vive de forma solemne y de por vida en los Monasterios tanto en la acción litúrgica como en la oración personal, intensificado de modo elocuente en tiempos fuertes como la Cuaresma. “En la raíz del diálogo con Dios hay un diálogo silencioso. Como el cruce de miradas entre dos personas que se aman: el hombre y Dios cruzan la mirada, y esto es la oración. Mirar a Dios y dejarse mirar por Dios: esto es rezar” (Papa Francisco).

                                                                                                                                    Juan José Pérez Solana

                                                                                                                                                                      – Capellán –