PROFESIÓN TEMPORAL DE HERMANA MARÍA LUISA EN LAS HUELGAS

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PROFESIÓN TEMPORAL DE HERMANA MARÍA LUISA EN LAS HUELGAS

La gracia de Dios ha sido derramada abundantemente en el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas de Burgos, en este precioso día de la Asunción de la Virgen.

En el cielo los angelitos más pequeños agitan rápidamente sus diminutas alitas revoloteando sin parar de un lado para otro por todos los rincones, de donde los van echando los querubines y los serafines más mayores para no tropezar con ellos en su precipitado ir y venir. Es que hoy se celebra una gran fiesta y hay mucho que preparar para que todo esté perfecto, como le gusta a Padre Dios.

Curiosamente también en el monasterio hay corridas por los tranquilos y silenciosos pasillos y más que cuchicheos entre las apresuradas monjas.

Finalmente todo está preparado en el cielo y en la tierra: el altar luce su mejor mantel, las seis velas de rigor, bellos centros de flores arreglados con gusto y originalidad por una hermana, todas las luces encendidas y cada monja en su sitio correspondiente. María nos espera, hierática pero acogedora en su gótica vidriera, ofreciéndonos al Hijo en ese altar. Y en su momento, mientras suenan alegres y con fuerza las campanas de la torre, las monjas entonan el Introito de la Misa de la Asunción recibiendo a los sacerdotes que avanzan hacia el presbiterio entre el humeante perfume del incienso.

Debido a las medidas preventivas de la pandemia, que amenaza nuevamente a todas las naciones, sólo nos acompañan en el altar tres sacerdotes muy queridos en la casa: nuestro capellán, el Delegado para la vida Consagrada y otro más joven, que conocía a Hna. Mª Luisa en Perú y que ahora vive en Toledo.

Después de la proclamación del Evangelio comienza propiamente el rito de la Profesión, que, aunque de momento es todavía para unos años, es ya una entrega formal a su Dios, que la eligió desde toda la eternidad. En su momento la hizo salir de la casa paterna, la trajo hasta España desde su querido Perú, y aquí quiere consagrarla para que sea única y definitivamente suya.

“Ya entra la novicia, bellísima, vestida con el hábito Cisterciense; la acompañan sus hermanas de comunidad; la traen entre himnos y salmos”. (Conf, sal 44)

Es un momento importante y trascendente en la vida de una monja en el que se desprende totalmente hasta de su propia voluntad para ser propiedad privada de Dios, que la quiere consagrar para que sea total y únicamente suya.

“Prendado está el Rey de tu belleza. Póstrate ante él, que él es tu Señor”. (Sal 44)

La M. Maestra le viste el escapulario negro, que cambia por el blanco llevado durante su noviciado y le pone también la correa; a continuación la novicia lee en voz alta, audible por toda la asamblea, su cédula de compromiso firmándola delante de la M. Abadesa y entregándosela seguidamente. Después del abrazo de bienvenida y siendo ya parte de la comunidad, el sacerdote que preside la celebración nos exhorta a mantener siempre el amor primero y continúa la Eucaristía.

En el coro un recogido silencio. En el cielo un vibrante ¡Hosanna! En todos nuestros corazones acción de gracias, alabanza y gloria a Dios.

Los inquietos angelitos aprovechan el momento para batir enérgicamente sus alitas y salir volando a cruzar el océano, inmenso, más grande de lo que a ellos les parecía desde el cielo. De vez en cuando tienen que descansar y saltan de nubecilla en nubecilla, a riesgo de un chapuzón, y vuelven a volar. Pero como la travesía ha sido larga y cansada, cuando llegan a la casa donde están los papás y los abuelitos de hna. María Luisa, ellos ya están viendo en un ordenador toda la ceremonia, emocionados y contentos, a pesar de que allí son las tres de la madrugada. Y deciden volver directamente al cielo sin pasar de nuevo por Burgos, un tanto sorprendidos de los adelantos de la técnica humana.

Hna. Mª Luisa comienza ahora una nueva andadura en su seguimiento de Cristo y su proceso de conformación con él. Este camino hay que recorrerlo durante toda la vida, con paz, sin parones, o incluso a pesar de ellos. A medida que vayan pasando los años y lo vaya conociendo mejor y amando más y más, su felicidad irá siendo cada vez más plena, más serena, más alegre. Un camino que sólo se puede recorrer acurrucada en los amorosos brazos del Padre.

M. Mary Carmen Sanjuan