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FUNERALES LAICOS

 

En nuestros días están proliferando iniciativas en recuerdo de los difuntos por esta pandemia denominada Covid19 que ha sacado a la luz la fragilidad y finitud del ser humano, su incapacidad para responder a esos profundos interrogantes que anidan en su interior. A la vez se trata de un sincero agradecimiento a todos aquellos que, literalmente, se la han jugado para que los demás pudiéramos subsistir. Son estos gestos que de alguna forma inducen a reconciliarse y tener esperanza en la humanidad pues “Siempre habrá en el hombre más cosas de admiración que de desprecio” (A. Camus).

Es un hecho indisimulado, se nos quiere imponer un laicismo a toda costa aunque, (el laicismo no da más de sí) se conserven algunos ritos propiamente religiosos. No podemos volver a dejarnos engañar una vez más, aunque se arguya con números del CIS Las encuestas de Tezanos rara vez son fiables.

Por otra parte, decir solemnemente: “no os olvidaremos” no deja de ser un “brindis al sol”. Conocemos la fragilidad de nuestra memoria, máxime cuando han sido tantos que ni siquiera sabemos, ni se quiere decir, el número de los fallecidos. Para quien ama de verdad, los muertos nunca son sólo un número de una incorpórea y fría estadística. Estos llamados “funerales de Estado laicos” siempre serán insuficientes. Muy distinto es en clave religiosa-cristiana. El difunto es dejado en las manos de Dios, a quien se pide le recuerde. El recuerdo de Dios siempre es presente, consecuentemente el difunto vive en la memoria eterna de Dios. Esto no son sólo palabras, alguien se nos ha adelantado, Jesucristo a quien el Padre resucitó y vive para siempre.

En Él creemos los cristianos.

                                                                                   Jesús Yusta Sainz

                                                                              Profesor Facultad de Teología