UN REMANSO DE PAZ EN MEDIO DEL MUNDANAL RUIDO

CUARESMA 2019
10 marzo, 2019
Hoy, Cristo sigue sufriendo la pasión
7 abril, 2019
Mostras todos

UN REMANSO DE PAZ EN MEDIO DEL MUNDANAL RUIDO

Desde hace unos meses, tengo la dicha de participar los Domingos, ‒todos los que mis obligaciones pastorales y ministeriales me lo permiten‒, en la Oración de Vísperas y posterior Exposición del Santísimo Sacramento, en el Real Monasterio de Santa María de Las Huelgas con la apreciada Comunidad de Madres Cistercienses, a las que les agradezco de corazón que me permitan poder hacerlo.

De esta grata y fructífera experiencia puedo decir como el Apóstol San Pedro en el Monte Tabor el día de la Transfiguración: “¡Qué bueno es estarnos aquí!”. Y también como a él en aquella experiencia y vivencia del Tabor, me dan ganas de decir: “Hagamos tres tiendas”. (Aunque ciertamente habría que hacer algunas más, porque sólo las Madres Cistercienses son más de tres). Pero enseguida siento las palabras del mismo relato evangélico que dicen: “No sabía lo que decía”. Esto último en el sentido de que el Señor en muchas ocasiones me ha dejado claro que no me regaló la vocación sacerdotal para apartarme del mundo ‒cosa que tantas veces anhelo‒, sino para la gloria de Dios y la salvación de las almas “estando en el mundo, pero sabiendo que no soy del mundo”.

En medio de esta sociedad que, tristemente cada vez es más hostil a la Fe Santa y Católica, uno siente ‒vencida la tentación de “hagamos tres tiendas”‒, la necesidad de tener estos deleitosos momentos que Santa Teresa de Jesús definió como “tratar de amor con quien sabemos nos ama”.

Alguien me podría decir: ¿Pero es que como Páter no reza el Oficio Divino y no tiene la Adoración del Santísimo Sacramento? A lo que respondería: claro que sí, pero no es lo mismo. Y no es lo mismo porque el mismo Cristo con su ejemplo nos enseña la importancia que tiene en la oración y el trato íntimo con el Señor el silencio y el apartarse del mundanal ruido, ya que Él, para orar con su Padre, buscaba y necesitaba aparatarse y encontrar en esa “soledad” el silencio y el lugar idóneo para poder tener ese encuentro con el Señor tan necesario para nuestra vida espiritual y que a veces, uno no logra encontrar, entre otras cosas, porque últimamente en nuestros templos ha penetrado el mundanal ruido, de tal manera que, resulta muy difícil erradicarlo.

Por eso, estos momentos de los Domingos en Las Huelgas son, sin lugar a dudas, un regalo del Señor, para que este pobre Páter pueda realizar esos encuentros con el Señor en un ambiente y clima que, propiciando el silencio propio de la vida monástica, nos apartemos del mundanal ruido, del que tantas veces estamos rodeados, y pudiéndonos centrar con mayor facilidad en el Señor, no sólo sintamos su real presencia, sino también poder descansar en Él y abrir mejor los oídos del alma y el corazón para poder escuchar ese silencio en el que en tantas ocasiones el Señor nos habla a voces.

Rvdo. Pedro José López Suárez

Capellán Castrense de la Plaza de Burgos