EN EL MONASTERIO DE LAS HUELGAS, SU HOSPEDERÍA

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EN EL MONASTERIO DE LAS HUELGAS, SU HOSPEDERÍA

A mediados del siglo XII, dos abades franceses expresan en sus escritos su distinta visión de la religiosidad. Hacia 1140, durante las obras de San Denis, el Abad Suger escribía sobre su pretensión de llevar a los fieles a Dios por medio de la contemplación de tan magnífico edificio y la artificiosidad de la luz atravesando sus vidrieras. Por el contrario, San Bernardo el Abad de Claraval defendía que para alcanzar a Dios no se necesitaba artificio sino recogimiento interior y sencillez.

El Abad Suger fue un personaje influyente, religioso y político de gran cultura, representa el poder de la Iglesia medieval y se le considera decisivo en el desarrollo del arte Gótico. San Bernardo difundió el Cister, que era una vuelta a la oración y al trabajo, a la vida sencilla del monje. En sus palabras “el que ora y trabaja eleva su corazón a Dios con las manos”. Dicha renovación de la vida monástica se acompañaba de una estética que se refleja en los monasterios cistercienses y de los que Las Huelgas es un ejemplo grandioso.

Hace muchos años, como estudiante de Historia del Arte me interesó la correspondencia entre ambos personajes y su influencia en la arquitectura y en el arte en general. Así también descubrí el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, incluso en aquel momento me llegué a informar de la posibilidad de ir a la Hospedería, sin embargo no pude ir…. Quizás no fuera el momento.

Pasaron muchos años y cierta circunstancia me hizo buscar un lugar, era algo especial. Sin dudarlo mucho pensé que el Monasterio de Las Huelgas era precisamente el sitio al que tenía que ir, tantos años después….

Es difícil explicar lo que encontré en la Hospedería con el recibimiento de la Madre Mary Carmen, compartiendo las Horas con la Hermanas Cistercienses y tanta, tanta paz. Quizás cada uno busquemos algo distinto, pero lo que es seguro es que allí encontramos lo que más necesitamos en ese momento. He vuelto en varias ocasiones y siempre salgo de allí pensando en la próxima vez.

Frente al Abad Suger, comparto la opinión de San Bernardo, no se necesita artificio para encontrarse con Dios. El silencio, el recogimiento, la paz y la confianza tal y como se encuentran en Las Huelgas hacen que siempre se quiera volver.

Con el mayor respeto y cariño les agradezco a las Hermanas la posibilidad que brindan de compartir con ellas aquella Luz.

                                                                                                                                                                       Lola Palacios

                                                                                Doctora en Historia del Arte