NAVIDAD EN LAS HUELGAS

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NAVIDAD EN LAS HUELGAS

En Las Huelgas, como en todas partes, se celebra el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y su Nacimiento para la salvación de todos los pueblos. Sin embargo, en este lugar toda la liturgia navideña adquiere un particular sentido de cercanía y de contacto permanente con lo divino: la comunidad cisterciense, como cualquier comunidad contemplativa, no restringe la celebración a unas pocas fechas, ni su cántico a unos emocionados villancicos, sino que todo su horario –de día y de noche- se torna vela ante el Altísimo y todas sus plegarias son perennes salmodias de penitencia, acción de gracias y alabanza al que puso su tienda entre nosotros.

El significado de la vida consagrada adquiere gran alcance, máxime en tiempos de fuerte secularismo como el nuestro, y su trascendencia se percibe mejor aun cuando contrastas la escala de valores de quienes han escogido la “mejor parte” y la del resto de los humanos que, por lo común, vivimos bajo la tiranía de nuestras ocupaciones y preocupaciones cotidianas. Es ahí donde mejor habla el silencio de estos muros monásticos y donde mejor se expresan los verdaderos ideales de la vida cristiana. La excelencia a la que somos llamados todos y en la que son siempre pocos los escogidos, brilla de modo excelso –como la estrella de la Navidad- en medio de todas las estancias de estas casas llamadas con propiedad “casas de oración”. El “ora et labora” de San Benito, remodelado y profundizado por San Bernardo, es la atmósfera cotidiana de todas las casas del Císter, donde con autenticidad evangélica y alegría que viene de lo alto, perfuman la entrega personal y comunitaria de cada día.

“Gloria a Dios en el cielo y en la Tierra paz a los hombres de buena voluntad”, pregonaban los ángeles en Belén. Y ese canto es el que jornada tras jornada, generación tras generación, elevan a las alturas y dirigen a todas las gentes estas casi treinta monjas que celebran la perpetua Navidad en la total entrega de su consagración.

Burgos, ¡Feliz Navidad!, año de gracia 2019 y venturoso 2020

Juan José Pérez Solana

                                                                                                                                                                                                Capellán