UN AMIGO DE HUELGAS, EN TIEMPOS DEL COVID

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UN AMIGO DE HUELGAS, EN TIEMPOS DEL COVID

No ha sido por mi culpa que haya dejado de asistir a la misa dominical en el Real Monasterio de las Huelgas, al que procuraba no faltar desde hace unos 26 o 28 años.

Ha sido por el famoso Coronavirus y sus secuelas. Pero estos días he sentido más la ausencia a la cita semanal, por las circunstancias que han coincidido en el Monasterio: el fallecimiento de la Madre Asunción, y la Profesión de la nueva hermana en la comunidad, Hermana María Luisa, aunque de todos ellos tenía conocimiento por las conversaciones con el capellán Don Juan José.

Cuando se inauguró o estableció esta costumbre de la página web de la Comunidad del Monasterio de las Huelgas de Burgos, recuerdo que también envié un escrito, en el que narraba mis primeros recuerdos, en la infancia, cuando de la mano de mi padre acudíamos a las fiestas del Curpillos en las Huelgas. Mis recuerdos no son sólo de los últimos años de mi vida.

Por mi situación actual, viviendo en la Residencia de mayores de Barrantes, regida por religiosas, Hermanas de la Caridad, y mis casi 90 años de edad que me impiden hacer “una vida social”, tengo ciertas dificultades para algunos movimientos y visitas, pero no me impiden, en absoluto, gracias a Dios, mantener ciertas costumbres y los recuerdos tan fuertemente arraigados en mi corazón y en mi mente, del Monasterio de Huelgas y de las madres que en él moran, que permanecen intactos en mí, y del grupo de amigos asistentes a las celebraciones eucarísticas.

Está intacto en mí no sólo el recuerdo del ambiente histórico y artístico que rezuma todo el monasterio, sino también el religioso del que tantas veces he disfrutado, misa dominical y algunas veces el encanto de la oración vespertina de Vísperas, del que guardo profundos recuerdos.

Los últimos años el día de Santiago, enviaba unas flores para colocarlas a los pies de la imagen del Apóstol que hay en la capilla del claustro de San Fernando, que este año no he cumplido, y lo lamento. Esta falta no es achacable al Coronavirus.

En fin, pidamos a Dios que desaparezca este virus que tantos males está ocasionando en toda la sociedad.

Señor, haz que las cosas vuelvan a su sitio, para que podamos gozar de las MM. Cistercienses en su Monasterio de Huelgas, en los días alegres, y acompañarlas en los días tristes.

                                                                       José Luis Nebreda Labarga

                                                                         – Grupo “Amigos del Císter” ­­­­