UN TOQUE DE CAMPANAS

IX CAPÍTULO GENERAL CCSB 2019
5 octubre, 2019
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UN TOQUE DE CAMPANAS

No puedo empezar a escribir estas líneas, sin antes agradecer la oportunidad que se me ha brindado a hacerlo. Ha sido una grata sorpresa, y por ello reitero mi agradecimiento a esta Comunidad de Monjas Cistercienses, a las que tengo especial cariño.

Me gustaría transmitir lo que ha supuesto para mí el contacto con esta Congregación de hermanas religiosas del Monasterio de las Huelgas.

Cuántas veces he oído desde mi casa las campanas del Monasterio. En especial los domingos por la mañana, cuando todo parece estar más en silencio. Ese repique parecía estar diciéndome algo. Muchas veces, me paraba a escucharlo y siempre pensaba que debía de ir un domingo a escuchar La Palabra de Dios al Monasterio.

Así lo hice uno de esos domingos fríos de Burgos. Acudí a la Sagrada Eucaristía, a las 10 en punto de la mañana, tras escuchar las campanas que anunciaban la celebración. Era la primera vez que iba, pero presentí que habría de ir muchas más veces.

Solamente atravesar el claustro del Monasterio para llegar a la Capilla donde se celebra la eucaristía me sobrecogió. El silencio, la sobriedad que allí se respira me hizo pensar. Por un momento parecía que el tiempo se detenía. Pero todo me reconfortaba, me sentía bien.

Ese silencio, pero unido a una gran sensación de paz y bienestar interior es lo que sentí cuando llegué a la capilla y me senté. Estaban las hermanas y unas pocas personas más. Esa eucaristía supuso para mi algo especial. Se celebró con tranquilidad, sosiego, sin prisas, con tiempo para reflexionar, y lo más importante, con tiempo para orar. La celebración y los salmos de Tercia pasaron sin que me diera cuenta.

Desde entonces, ya hace más de un año, voy a la eucaristía de los domingos al monasterio. El silencio y la oración, pilares de la orden del cister, realmente se viven allí y me hacen sentir muy bien.

En estos tiempos que corren, todo se vive deprisa, no tenemos tiempo para la oración, para la reflexión. Simplemente darnos un respiro y pensar hacia dónde vamos, es necesario y reconfortante. Creedme, allí es posible.

Por eso, pienso que esas campanas que tantas veces había oído tocar, y que me había parado a escuchar, me querían decir algo. Dios hace las cosas por alguna razón, y es por ello que a veces creo que ha sido Él, a través de las Campanas del Monasterio, el que me ha hecho despertar.

                                                                           Maria del Canto Diez Rebolleda

                                                         Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales