VIERNES DEL CURPILLOS

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VIERNES DEL CURPILLOS

Las campanas de hoy son las campanas de Las Huelgas, el sonido de hoy es el sonido de las campanas, la voz de hierro de las campanas que alborota la paz de las palomas y pone música a los pies breves de los danzantes, terciopelo y castañuelas, suenan las campanas y vuelan las cigüeñas, okupas de campanarios mudos, y la mañana florece en banderas y pendones, en curas y soldados, alcaldes y gobernadores, marineritos sin barco y princesas sin cuento, hoy es suspiro cisterciense y pétalos de rosa, vino dulce y la sombra de Miramamolín como palio, Miramamolín, bonito nombre para un sultán de jarcha, despiertan los reyes y los infantes del sueño de la Historia cuando suenan las campanas a viernes dominical, a reconquista solemne de la infancia que vamos perdiendo por el camino, baila la gigantilla en el Compás de Adentro y el gigantillo sonríe para la foto, siempre la misma aunque siempre distinta, los gigantillos se hacen confidencias sin palabras como si entendieran, se saludan con respeto antiguo y reverencial y se van luego juntos, que no es bueno que el gigantillo esté solo, ¡ay!, los gigantillos, ángeles populares que asustan a los niños más timoratos, a los niños que luchan en galaxias virtuales con monstruos de siete cabezas pero temen a unos campesinos de cartón con sobrepeso, ¡ay!, los niños, globos para los niños que pasan de los globos, globos que suben al cielo raso del Corpus chico, del Curpillos, vilanos de colores en la tarde verde y tinto del Parral, callan las campanas para que las pachangas toquen pasodobles rojos, brillan las trompetas y Burgos baila en zapatillas, y despide a los concejales que han sido, hasta mañana, hasta siempre, hasta nunca, según, si te he visto no me acuerdo, chao, trago viene, trago va, y luego pasa lo que pasa, luego son los municipales, las denuncias, la prensa que se hace eco, pero no da cuenta de los que garabatean en los muros de junio, ya no se escribe en las paredes «Viva yo», porque no sabemos si vivimos con be o con uve, no sabemos si vamos o venimos, que viene a ser lo mismo, suena Paquito el Chocolatero y la tarde se cierra en el círculo plateado de la luna. Cargan a los gigantillos en un camión. Maldita trastienda de la fiesta. Así no hay quien escriba.

María Jesús Jabato

Abogada y Escritora