CARTA A JESUCRISTO

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CARTA A JESUCRISTO

CARTA  A  JESUCRISTO

Las Huelgas 5 de Mayo de 2020

Muy querido Jesucristo: ¡Mi Dios-Amor, Vivo y Resucitado!

Cada Pascua es un reencuentro gozoso con tu Verdad: ¡Soy Yo. Mirad mis manos y mi costado. No temáis. Sigo estando a vuestro lado! Sí, Jesús, eres el Fiel, el que ha mantenido el Sí al Padre, desde el principio hasta la Hora suprema. ¡Cómo estoy disfrutando estos días con tu Palabra, con tus manifestaciones a las mujeres y a los Apóstoles. Realmente TODO está cumplido!

Yo, Jesús, soy una criatura deslumbrada por tu luz resucitada y desearía convertirme en llama permanente para contagiar a mis hermanos. Anhelo, Señor, quedarme en el asombro de tu amor infinito, adorando en silencio, acogiendo Tu Presencia, y regalándola a todos los que te buscan.

Me duele, Señor, el peso de los hombres que te ignoran, me duele su niebla y su vacío, su noche y su tristeza. ¿Cómo decirles que les amas, que llevas tus marcas tatuadas en las manos, en los pies, en tu costado? ¿Cómo explicarles que sufres, que lloras, que les has comprado con tu sangre? Me gustaría sembrar Tu Vida, en sus muertes altivas y poder gritar: ¡No le busquéis entre los muertos. Está vivo! ¿No lo veis? ¡Rebosa Paz y Alegría!

Tu Pascua, Jesús, no es visible a todos. Conoces mejor que nadie, “esta nube que ha invadido a la humanidad”. El desconcierto, el miedo, la angustia, se han adueñado de muchos corazones. No vislumbramos el horizonte, y andamos como a tientas, se ha perdido el calor de la relación humana y tenemos que vivir “aislados”, por eso, Vida Nuestra, hoy más que nunca necesitamos tu Presencia Resucitada y Resucitadora.

Tú no eres indiferente a esta situación. Tú has pasado por la prueba del dolor máximo, te has dejado clavar en una cruz, por eso, ahora te compadeces y sufres con tu pueblo, pero no para que nos quedemos en él, sino para que confiemos en tu victoria. Yo siento, Jesús, que esta es nuestra fuerza: ¡La confianza absoluta en Ti! “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan”. Sólo Tu Pascua, Señor Jesús, puede dar sentido a esta “kénosis” de la humanidad, por eso, escucha esta súplica: ¡Descorre la losa que nos atrapa! ¡Atraviesa todas las puertas cerradas e inúndanos con tu Paz! ¡Haz que amanezca una nueva mañana de Luz liberadora y restaura la obra de tus manos!

Aquí me tienes, Jesús, soy tuya. Con mi cariño renovado te digo: ¡Sí, Amor, Gracias! Un abrazo.

Angelines.